No importa si estás en Barajas o en El Prat. ¡La fauna autóctona de un aeropuerto, sorprendentemente, es la misma everywhere!

9 – El businessman: Dícese del hombre a un móvil pegado. Aderezado con americana y corbata (gafas de sol para los niveles más expertos), viaja solo y puede encontrarse sentado en la mesa de un Starbucks, ajeno todo lo que acontece a su alrededor, pero no a su iPad.

8 – La familia dramática: Han venido a despedir a alguien (normalmente al hijo o a la hija de turno), y están todos muy preocupados por el devenir de su pequeñ@. Resulta enternecedor ver los abrazos de despedida y alguna que otra lagrimilla, pero a veces se montan unas escenas…

7 – El instituto: Puede detectarse por el temblor del suelo cuando se aproximan. Vienen en legión, a paso firme, liderados por un apático profesor que no sabe la semanita que le espera… Es fin de curso, y por tanto toca ir a Londres, Roma o tal vez Praga -si el colegio es de pago-. Gritan bastante. Gritan mucho, qué diantres, y se desplazan siempre en esa ruidosa formación llamada “pelotón”, arrasando todo a su paso como los hunos. Si veis uno de esos grupos, !corred, insensatos!

6 – Los que duermen en el suelo: Así como no hay buena película sin palomitas, no hay aeropuerto que se precie sin estos simpáticos personajes. A saber cuántas horas llevarán allí. Sus rostros están cubiertos por sombreros, mientras permanecen apoyados contra una columna y un nido de mochilas. Cuenta la leyenda que algunos de ellos viven allí, como Tom Hanks en La Terminal.

5 – La encantadora y parlanchina señora: Y toca subir al avión, claro. ¿Y a quién tienes al lado…? Efectivamente, a una simpatiquísima señora mayor a quien le encanta el palique. Y posee semejante habilidad retórica que a veces no le hace falta ni interlocutor: ella sola se apaña. Al final, bajas de ese avión sabiendo más acerca de la vida de esa señora que de las vidas de tus mejores amigos.

4 – El crío que se sienta tras de ti: Ah, no hay nada tan conmovedor como el bello canto de un niño cuando lloriquea, y las patadas a la espalda de tu sillón que te mecen. Este señor y Stewie Griffin saben de qué va esto.

3 – El que aplaude al aterrizar: No hace falta decir mucho más. Se explica él solo.

2 – La pareja que luego te vuelves a encontrar: Es un fenómeno extrañamente común. En el vuelo de ida, has coincidido con una pareja en la que, por unas cosas u otras, has reparado. Pues luego, más tarde, mientras paseas distraído por tu ciudad destino, distingues dos cabezas entre la multitud… “Oye, ¿esos no son…?”. Sí, lo son. Y seguramente también te han visto a ti, aunque no crucéis palabra.

BONUS TRACK: Coincidir con ellos nuevamente en el vuelo de vuelta.

1 – Los que os reciben con carteles: ¿Acaso existe manera más sencilla de sacarte una sonrisa que esos grupos de gente que esperan a sus amigos a la llegada, armados con carteles, silbatos, camisetas a juego y cánticos? Son los tunos de los aeropuertos, los manifestantes del amor. Así sí da gusto volver. Así, uno baja del avión e, inequívocamente, puede decirse a sí mismo con una media sonrisa: “Estoy en casa”.

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